
Y me viene Hermes, el mensajero, sí, el hijo del Zeus y la Maya, y me dice… oyes chiquilla, atiende, que de parte de Apolo (que no entiendo por qué no viene él mismo y tiene que mandar al otro)… mira Afrodita, tesoro, que a Apolo se le ha descosido la sisa, a ver si le echas unas puntás, que a ti te se da bien coser, y claro, cómo voy a decirle a ese pedazo de dios griego que no, chocho, tú me entiendes, que por algo eres la diosa de la inteligencia y naciste de la cabeza de Zeus, pero claro, desde que te tiró los tejos Odiseo estás como que te se va la cabeza y no estás a lo que tienes que estar, aunque por otro lao no me extraña ná, que debes de andar to loca por llevártelo al catre y con esa cuñá tan arpía que es la Diana, que si venga pa aquí y pa allá to el día cazando y con la mandanga esa de la virginidad, que oyes, que mira lo que hizo con el pobre Acteón, que solo por mirarla lo convirtió en ciervo y se lo comieron sus propios perros, será hijaputa, pos no vayas en pelotas por la vida, coño, si no quieres que te miren, porque Atenea, chocho, ya tenemos una edad, que nos vamos a quedar pa vestir santos, con tanto picaflor que hay aquí en el Olimpo, habráse visto cosa igual, que hasta Sileno, que tiene el cuerpo to deforme anda con líos de faldas, oyes, que su hijo adoptivo, el Baco, ya sabes, el de la Sémele, sí, tú la conoces, que tuvo al niño del muslo de Zeus y luego no le echó cuentas y se dio a la bebida porque su mujer, la Hera, que ya sabes el carácter que tiene, to el día discutiendo, pues dijo, mira chocho, me quito de poblemas y a tomar por culo, oyes, que Zeus será el padre de todos los dioses, pero putero es también un rato, que todos los hijos que tiene será porque no puede dejarla quieta en la bragueta, ¿no?, que te decía, que mira, que el que te convenía era aquel guiri del martillo, Thor, pero era mu frío, chica, mu frío, así que quédate con Vulcano, Atenea, yo os veo futuro junticos, oyes, que sí, que el chaval no está tan de buen ver como el guiri, vale, pero es muy apañao y hace joyas que ni pintás, mira la espada de Damocles o el escudo de Aquiles, el hijo del Peleo y la Tetis, qué reluciente le ha queda to brillante, oyes, como los chorros del oro, no como el tridente del Neptuno, el hermano de Zeus, nena, un tridente to oxidao, porque su esposa, la Anfitrite, sí chocho, la hermana de Tetis, pues ni limpia ni ná, lo tiene to enguarrinao lleno algas, y por allí correteando su hijo el Polifemo, el cíclope le dicen, que no me extraña que tenga solo un ojo el hijoputa con tanta mierda en la casa salió deforme, y para colmo le ha dejado ciego un tal Ulises, un humano que se pega unos viajes el cabronazo que pa qué te cuento y se dedica a la pesca ilegal de sirenas que vende a una piscifactoría a precio de oro, y la mujer, Penélope, sí, la hija de Icario, el rey de Esparta, que no te enteras, coño, pues allí esperando en su casa de Ítaca la pobre desgraciá, será cabrón el tío, que ya tendrá las pelotas negras de tanto viaje, pues a lo que iba, que he visto a Latona, la madre de Apolo, y me ha mirao aviesa, menuda es ella, y que ya no quiero ver a su hijo más, porque para aguantar a una suegra así, prefiero a Edipo, que mira que está enmadrao el chico, o a Marte, que es muy guerrero y a mí me va la fiesta, ya me conoces y por algo soy Afrodita la diosa del amor, aunque creo que me voy a cambiar el nombre, ¿te gusta Venus?, pues a lo que iba, que a Hera tampoco hay quien pueda con ella de suegra, pero vamos al meollo de lo que te quería contar, nena, que van diciendo por ahí que si las diosas nos sorprendieron en el lecho el otro día y tal, y que si todo el cielo retumbó en risas inextinguibles, pero no hagas caso Atenea, que tú eres lista y ya sabes que aquí todos son unos cotillas y correveidiles de poca monta y en el Olimpo hay mucho marujeo, chocho.