5/21/2008

ALGUNOS HOMBRES BUENOS


"Lo que engrancede a los soldados me resulta odioso".
Maureen O'Hara en Río Grande

Los periodistas siempre denunciamos causas ajenas pero nunca las propias. Jamás denunciamos nuestra precariedad laboral, la censura a la que somos sometidos o el acoso feroz de muchos jefes. Cuando se trata de nosotros nos lo callamos todo. Hace algún tiempo, debido a unos despidos masivos, hubo huelgas en Telecinco, y en Antena 3, donde llegó a entrar la policía porra en mano arreando a diestro y siniestro en las redacciones. Y nadie se enteró. No salió en ningún medio. En cambio, a la semana o al mes siguiente mandaban a los redactores a cubrir las huelgas de los mineros o los astilleros. Cuanto más duras fueran las imágenes mejor. Cuando un jefe grita como un desalmado a alguien en la redacción agachamos la cabeza, pero luego traemos a gente que sufre moobing en el trabajo para que lo denuncie. En los medios apenas nadie se sindica, nadie va a la huelga, nadie se planta ante las jornadas maratonianas, las pagas prorrateadas, la diferencia salarial abismal entre colaboradores que trabajan media hora y curritos que trabajan quince horas diarias, o la temporalidad infinita, nadie defiende la libertad de opinión o de prensa, muchas veces escribimos al dictado porque es lo que toca, por el miedo al despido. Recuerdo el día en el que mataron a Couso. Yo no lo conocía, pero una amiga suya lloraba a mi izquierda en la redacción. Miraba las imágenes en las que aparecía con Jon Sistiaga con incredulidad. Recuerdo el plante de la prensa ante Aznar en el Congreso, y entonces se me saltaron las lágrimas. Por fin reaccionábamos. Por fin un gesto, por fin ocurría algo. El Gobierno de Aznar se puso de uñas, y fue la señal de que habíamos reaccionado. Zapatero venía prometiendo un estatuto que regulara la profesión, pero aún no ha cumplido su promesa. Al fin y al cabo los grupos mediáticos quitan y ponen, y los periodistas somos meros peones.

Hoy he leído una noticia que me ha hecho recordar que hemos vuelto a caer en el silencio. El juez que instruye el caso de José Couso, Santiago Pedraz, citará a declarar como testigos a Federico Trillo y Ana Palacio, ministros de Defensa y Exteriores durante la invasión de Irak. Así, Pedraz reactiva la causa que prácticamente quedó cerrada la semana pasada cuando el tribunal rechazó procesar a los tres militares estadounidenses que participaron en el ataque que mató al cámara de Telecinco. Pedraz quiere que los ex ministros de Aznar completen "la información transmitida" por Estados Unidos sus ministerios tras producirse el ataque contra el Hotel Palestina de Bagdad, en el que se alojaba la prensa extranjera. Además, el juez ha solicitado al Ministerio de Defensa español que designe a dos expertos en armamento para evaluar si el ataque fue proporcionado con el fin que pretendía el Ejército de Estados Unidos: matar a un francotirador supuestamente apostado en el hotel. La Sala de lo Penal estimó la semana pasada que no veía probado que los militares estadounidenses tuvieran intencionalidad para matar a Couso y al cámara de Reuters Taras Protsyuk. Igual que "En algunos hombres buenos". Igual.

ALGUNOS HOMBRES BUENOS

K: (Siguiendo con calma). Si el teniente Kendrick dio la orden de que no se debía tocar a Santiago, ¿Por qué había de trasladarle? ¿Coronel? El teniente Kendrick ordenó el Código Rojo porque eso fue lo que usted le dijo que hiciera…

R: ¡Protesto!

K: (Gritando). Y cuando todo salió mal, ¡dejó en la calle a estos dos! Hizo que Parkinson firmase una orden falsa y un traslado, y ahora le pregunto, coronel Jessep, ¿ordenó usted el Código Rojo?

JR: No tiene que responder a eso

J: Responderé. ¿Quieres respuestas?

K: Creo que tengo derecho…

J: ¿Quieres respuestas?

K: ¡Quiero la verdad!

J: (Furioso) ¡Tú no puedes encajar la verdad! Vivimos en un mundo que tiene muros, y esos muros han de estar vigilados por hombres armados. ¿Quién va a hacerlo? ¿Tú? ¿Usted, teniente?. Yo tengo una responsabilidad mayor de la que tú puedas calibrar jamás. Tú lloras por Santiago y maldices a los marines. Tienes ese lujo. Tienes el lujo de no saber lo que yo sé, que la muerte de Santiago, aunque trágica, seguramente salvó vidas, y que mi existencia, aunque grotesca e incomprensible para ti, salva vidas. Tú no quieres la verdad, porque en zonas de tu interior de las que no charlas con los amiguetes, me quieres en ese muro, me necesitas en ese muro (…) Usamos palabras como honor, código, lealtad. Las usamos como columna vertebral de una vida dedicada a defender algo. Tú las usas como gag. Y no tengo ni el tiempo, ni las más mínimas ganas de explicarme ante un hombre que se levanta y se acuesta bajo la manta de la libertad que yo le proporciono, y después cuestiona el modo en que se la proporciono. Preferiría que sólo dijeras “gracias” y siguieras tu camino. De lo contrario, te sugiero que cojas un arma y defiendas un puesto. De todos modos, ¡me importa un carajo a que creas tú que tienes derecho!

K: ¿Ordenó el Código Rojo?

J: Hice el trabajo que me encarg…

K: ¿Ordeno el Código Rojo?

J: ¡Por supuesto que lo hice, joder!

8 comentarios:

Valerian dijo...

No sé ni cómo terminé aquí y te agregué a mi lector rss. Pero con post como este no me arrepiento. Afirma un lector anónimo ya no tan anónimo.

Y una cosa, si los guionistas consiguieron once meses de huelga parar toda la fílmica estadounidense (y mira que son peculiares los estadounidenses con el tema sindical) ¿qué pasaría si hubiera una huelga de corresponsales en ese plan?¿pueden sacar los periódicos, las cadenas de televisión todo lo que hacen de las agencias y cuatro tipos de "servicios mínimos"?

Sol solito dijo...

Como siempre el pez grande se come al chico...pero alguna vez eso tiene que cambiar. Besos

Herman dijo...

Vengo aquí desde Extremófilos. Me gusta tu blog. Con tu permiso, regresaré en el futuro.

ALBERTO LÓPEZ dijo...

La ley del empresario es:divide y vencerás.
En toda empresa ya estamos clasificados por puestos, por niveles y otras tables de medir. Lo que a tí te afecta a mí me toca los cojones, con lo cual yo no protesto no sea que me busque algún mal royo y viceversa.
Yo estoy viviendo algo parecido en Correos, y lo peor de todo es que no hay ningun atisbo de reacción por parte del personal, agachar las orejas y tragar con lo que hay. Una puta pena.

Belén dijo...

Ojalá todo se aclare, por el bien de vuestra profesión, para que las injusticias no se queden impunes...

Besos

amina dijo...

Me encanta el argumento de J, siempre nos venden el mismo... la libertad que nos proporcionan al quitárnosla. Pero para eso os tienen a vosotros de peones, para que nos lo conteís aunque no os lo creaís, ¿les creeríamos a ellos? no y lo saben.

Todo el "mundo" sabía quién había en el Hotel Palestina, pero mucha prensa internacional estaba allí para mostrar la verdad... ¿no os dieron un aviso disparando?

Tristes días... tristes.

También trabajo para una "gran mentira" y todos hablamos bajito.

Cecilia Alameda dijo...

De los periodistas la imagen que hay es la de los magnates que manipulan y controlan y la de esos otros que persiguen a los famosos con los micrófonos. De los periodistas que elaboran noticias conr rigor, que se trasladan a los lugares de conflicto, que te transmiten desde los micrófonos de las emisoras las noticias por la mañana, de esos se sabe poco. No cuentan. No se sabe que muchos de ellos cobran sueldos escasos, que hacen horarios larguísimos, que se marchan de viaje pagandose ellos el pasaje y la asistencia sanitaria porque están contratados como colaboradores por las empresas que se nutren de su trabajo, las cuales no adquieren con ellos compromisos laborales. (ese fue el caso de Ricardo Ortega y de Couso, al que también incluyo en la profesión).
Es difícil esta profesión para el 90 por ciento de quienes la ejercen.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

¡Qué triste es que todos estemos tan manejados, controlados y tan faltos de verdad!
Ojalá salga a la luz la verdad, pero me temos que seguiremos igual y cada vez más haciendo lo que unos pocos quieren.
Besos Manu y cuídate, porque los que estais ahí diciendo lo que a ellos no les gusta, teneis más peligro.