5/29/2019

ARTÍCULO SOBRE LA FERIA DE BUENOS AIRES

La escritora y editora boliviana Rossemarie Caballero ha escrito una crónica sobre la Feria del Libro de Buenos Aires en la que destaca mi texto "Agujero de gusano (La bala)". Muy agradecido. Se puede leer aquí.

5/27/2019

"PERSONAJES SECUNDARIOS" EN MÉXICO

Estoy muy feliz que desde mi país favorito del mundo, que es México, estén dedicando dos programas enteros de radio a mi obra, y me encanta que el locutor, al que conocí en la Feria del Zócalo, me defina como una persona alegre y jovial, ¿se puede pedir más? Aquí la segunda parte del programa. De nuevo, agradecido. 

El primer enlace al programa aquí,


El segundo enlace al programa aquí.

5/14/2019

FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES

Fue un placer estar como autor invitado en la Feria del Libro de Buenos Aires de este año, donde he podido compartir unas jornadas inolvidables con autores argentinos. Feliz de la generosa acogida que han tenido mis textos en la tierra de Borges y Cortázar. Imborrable.







4/25/2019

EL VIEJO PIANO

Una vez tuve un piano. Cuando cumplí los siete años mis padres me compraron uno que me acompañó casi el resto de mi vida hasta que tuve que abandonarlo. Así son las separaciones. La música sale por la puerta y las partituras se llenan del símbolo del silencio, ese que parece una araña. Era un Cherny, una marca barata de Eropa del Este subvencionada por el Gobierno para que la gente de clase media pudiera estudiar música. Hasta que no tuve el Cherny estudiaba en casa de una señora que se llamaba Silvi, tenía cinco pianos, uno en cada habitación de su domicilio. Los cinco sonaban a la vez y era una locura, un cruce de corcheas y negras golpeando el techo. Los alquilaba por horas a niños que, como yo, no nos podíamos permitir un instrumento tan caro. Con el tiempo dejé de echar de menos mi piano, aunque en ocasiones me acordaba de él, de cómo acariciaba sus teclas con la yema de los dedos, de cómo tocaba con los ojos cerrados aquellas partituras. Cada instrumento tiene sus propias cuerdas vocales, como las personas. Todos son distintos. Hacía tiempo que no me acordaba de él, pero hoy he escuchado su voz y me ha llamado, como cuando lo tocaba con mi hijo pequeño sobre las piernas. He abandonado en la esquina el platillo de la limosna y lo he tocado suavemente, con la yema de los dedos. Viejo amigo, ¿cómo te ha tratado la vida?, he susurrado. Y el viejo Cherny me lo ha contado.



PD: Cuento basado en la historia real que aparece en este enlace.

FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES


Gracias al Ministerio de Cultura español y a la Feria del Libro de Buenos Aires por hacer posible mi presencia y por invitarme a las jornadas de microficción de la mayor feria del libro del mundo hispano. Será un placer estar en la capital argentina como autor español invitado junto a Ginés Cutillas en la edición de este año. Si algún amigo argentino quiere pasarse para que nos conozcamos en persona, os dejo aquí la programación. Más información en este enlace.

Y un cambio de nacionalidad en este enlace.

3/27/2019

LISTA DE ESPERA


—Tenemos un conflicto, pero tú eres un personaje pragmático, reacio al cambio, no tenemos una historia. Quiero el divorcio —dijo Nina con tono solemne. Y las pulsaciones de Carlos subieron a 120 por minuto. A la noche siguiente, Nina metió sus cosas en cajas y a su marido le bajó el pulso a 119. Se despidió de él por la mañana con un portazo y le descendieron a 118. El cuarto día, cuando no le cogió el teléfono, cayeron a 117. Iban bajando una al día. A ese ritmo, dejaría de tener pulso en cuatro meses. Cuando alcanzó las 70 pulsaciones por minuto fue al cardiólogo, pero no vio nada extraño. Ante su estado desesperado, Carlos decidió renunciar a la medicina tradicional, y aunque no creía en los curanderos, acudió a la consulta de un poeta.
—A usted le han robado el corazón —apuntó tras hacerle una radiografía alegórica.  —Ahí puede ver las arterias. Deberían estar unidas a los ventrículos, pero cuelgan en el vacío como cables de la luz pelados —dijo señalando un enorme hueco en su pecho. —No se le ocurra leer sonetos sentimentaloides ni escuchar música triste. En su caso está contraindicado. Le puedo recetar algún autor experimental para que todo sea más llevadero, pero solo como tratamiento paliativo, mera evasión, porque a usted únicamente puede salvarle un trasplante de metáfora. Le apunto en la lista de espera de melancólicos —añadió.
Pese a sus lecturas de poemas de vanguardia, las pulsaciones de Carlos continuaron cayendo en picado, por lo que dio todo por perdido. Decidió practicarse una eutanasia
activa y sustituyó las comedias tontas de  Peter Farrelly por las tragedias intimistas y enrevesadas de Lars von Trier y cambió las poesías dadaístas de Tzara por una sobredosis romántica de Byron, hasta que tuvo una pulsación por minuto. Había llegado su hora. Seguramente, al día siguiente llegaría a cero y moriría de pena, descorazonado. Al menos había cambiado. En ese momento sonó el teléfono de Carlos. Había aparecido un donante voluntario. Acudió caminando muy despacio, apoyándome en las paredes cada dos pasos. Cuando al fin llegó bien entrada la noche, vio a Nina sentada en la consulta, junto al poeta.
—He escuchado al narrador omnisciente decir que has sufrido un cambio —susurró orgullosa, con el corazón en la mano.

(Texto publicado en la antología de la revista Quimera "Los pescadores de perlas". Los beneficios de las ventas irán a la ONG Médicos sin Fronteras. Para comprar, en este enlace).