12/01/2010

BEST-SELLER












La gran editorial pone ciertas condiciones. El escritor se lleva las manos a la cabeza. Acepta. Observa a través de los cristales de la oficina cómo afuera se desata una gran tempestad galvánica, cargada de relámpagos y chispas. Tras estampar su firma en el contrato millonario, el escritor se afloja la corbata, se despide apretando la mano roja del editor y sale a la calle. Se para un instante frente a la puerta, cierra los ojos y respira hondo, hasta llenar sus pulmones con el aire eléctrico que está dejando la tormenta de centellas. Tiene el cuello tenso y las piernas cargadas, pero reanuda su marcha bajo la lluvia de rayos a paso ligero. Cuando llega a la calle Montera se le acerca una de las prostitutas. Varios truenos que rajan de golpe la noche (navajazos de luz en una tela negra) le permiten distinguir a una vieja con los pechos fuera. Dos alas desplumadas, como de gallina clueca, le salen de la espalda.
—Ignacio… —susurra la mujer. El escritor la mira de reojo y continúa su camino con un gesto de repugnancia. —¡Nacho! —prosigue la anciana prostituta mostrándole la dentadura carcomida que esconde su media sonrisa. Nacho se para en seco. La vieja le mete la mano en el bolsillo, saca la cartera del escritor y se queda con los billetes. Le dice algo al oído (muy melosa) mientras se abanica con el dinero. En ese instante, los rayos cesan. El escritor la coge de la mano, resignado, y camina junto a ella. Las pocas plumas de la vieja se agitan, gastadas, perdiéndose en un callejón oscuro en el que resuena el eco de sus palabras.
—Cariño, encantada. Soy tu nueva musa.


Campaña de navidad de Editores Policarbonados:
http://editorespolicarbonados.blogspot.com/2001/01/regalate-y-regala-policarbonados-en.html

12 comentarios:

odys69 dijo...

No sé si está dejándose guiar por el instinto o dejándose comprar por el diablo. El camino de las musas es a veces tortuoso, sobre todo cuando los billetes alfombran las lindes, tornándolas cada vez más y más borrosas.

AGUS dijo...

La atmósfera del micro es genial y la descripción de la musa-gallina-clueca-puta me hizo recordar la delirante conversación de Sabina y Serrat sobre las musas y las putas. Me gustó mucho el recurso fantástico de ir de fuera hacia dentro a través de la "metáfora" de la tormenta.

Un abrazo.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Uy Manu. A veces todo vale por conseguir el "Best-Seller" y el éxito. Vender el alma al Diablo o lo que sea, con tal de poder escribir eso que le exige el director de la editorial. ¿Pero eso no hipotecará la vida del escritor para siempre?
Manu, ¡no te conviertas en uno de esos porque dejarás de ser tan autentico como eres!
Besicos muchos guapo.

Fernando Remitente. dijo...

Me has llevado a caminar por esa calle en mitad de la tormenta, e incluso a pensar que es una suerte que mis bolsillos estén perpetuamente vacíos.

Un saludo.

Belén dijo...

Buf, de todas formas tiene musa, no se puede quejar...

Besicos

Sue dijo...

Jajaja!
A mi me gusta pensar que mi musa es una chica india muy guapa vestida de rojo. O Denzel Washington...

Muy bueno el texto. Conserva esa musa.

Un saludo.

woody dijo...

Amigo, ¿qué has fumado? ;)
A veces las musas no son lo que esperábamos...

Miguel Baquero dijo...

Hay veces en que las musas no tienen mucha mejor pinta

Jesus Esnaola dijo...

El problema de vender tu alma al diablo es que ya no puedes esperar a que las musas se asomen, ni puedes elegir la que mejor te caiga.
La aparición de la vieja-gallina me recordó a los personajes absurdos que a veces aparecen en "Kafka en la orilla" de Murakami.

Muy bueno, Manu.

Alice se perdió dijo...

Bufff...¡qué bueno! Yo a esta musa vieja me la imagino más como una gallina para hacer caldo que como a una gallina clueca: no me la figuro en la edad de empollar sus huevos ;-)

Gemma dijo...

Qué buena metáfora la del rayo y el trueno, Manu. Lo cierto es que la ética de ciertos "escritores" se raja con esa misma facilidad con que lo hace ese fragmento de cielo sin estrellas de tu micro. Me gustó mucho. Un abrazo fuerte

Romek Dubczek dijo...

maravilloso!