10/13/2009

BANDAS SONORAS


Colecciono bandas sonoras porque la vida real es muy silenciosa. Demasiado. En las películas, cuando la gente se besa, suena un piano de fondo. Cada momento en la vida debería tener una banda sonora. Si alguien es abandonado por su pareja y esa persona se queda llorando bajo un aguacero, suena una música triste. Cuando todos los alumnos se suben a los pupitres para despedir al profesor, la orquesta se suelta el pelo. Tendría menos fuerza en silencio. Cuando el líder escocés, montado a caballo, grita por la libertad de su pueblo ante sus tropas, se escuchan unos compases épicos. Pero en la vida real, no suena nada. Me gustaría poner banda sonora a algunos momentos de mi vida. No los tengo grabados, pero les pondría música. A mi primer beso le pondría un guitarreo de Iron Maiden. Tuvo muy poco de romántico y mucho de ansiedad compartida. En cambio, a la primera pelea que tuve en el cole la acompañaría con música de Puccini. La violencia tiene estética épica. Como los campos de calaveras en “Los gritos del silencio”. Los niños son pura violencia. Les obligaría a leer a todos “El señor de las moscas”. Tomarían nota. O no. Son niños. “Memorias de África”. Ésa es la banda sonora que pondría a los campos embarrados de mi Castilla profunda cuando el invierno azota la meseta. Para que esos parajes inhóspitos parezcan más bonitos. África no necesita música. Cada vez que llueve deberían caer notas del cielo. Cada tormenta debería tener una melodía diferente. La lluvia con música es plástica. Con su propio sonido es desgarradora. La puntilla de un suicida. Recuerdo un verano en Italia. Trabajábamos muy duro en un campo de trabajo. Un verano muy seco. Sudábamos mucho. Y comenzó a llover a cántaros. Primero nos refugiamos de la lluvia. Pero salí de los soportales y me tumbé sobre un charco. Luego vino otro compañero, y otro, y otro, y todos nos tumbamos boca arriba en el suelo son los brazos abiertos. Ese momento bien hubiera merecido una banda sonora. En los funerales prohibiría la música de misa. Es deprimente. En mi funeral pondría algo de rock. A mi nacimiento (no me acuerdo, lo prometo) le pondría Frank Sinatra. Sinatra me recuerda a diciembre. Llorar. Hay escenas en el cine con las que no lloraríamos sin música. ¿Quién iba a llorar con el final de algunas películas desastrosas sin acordes tristes? Ahí la música se convierte en mero artificio. Un sucio truco para tapar las carencias del guión. Pero la vida real no tiene guión. Jaime Rosales no pone música es sus películas porque quiere ser como la vida real. Pero el cine no es vida real. Los actores actúan. Ni siquiera un documental es realidad. Pero sólo pondría una banda sonora de verdad a los grandes momentos, que son pocos. El resto sería música de ascensor, o de llamada en espera. Porque la vida es una llamada espera. Hasta que suena una voz al otro lado. Y la música se detiene.

11 comentarios:

Raúl dijo...

¿Y qué hubiera sucedido de no haber visto ninguna peli? ¿Qué referencias sonoras tendríamos? ¿Qué pasaba con esos momentos subrayables antes de que exisitera el cine? ¿La gente apelaba a la ópera, imaginaba sus experiencias bajo acordes de zarzuela?

BB dijo...

Hubo tantos grandes que llenaron
la pantalla de acordes inmortales
como Teodorakis, Mancini, Rota,
Williams, Bernstein y muchísimos
más, pero la que quisiéramos
para nuestros momentos, la
deseamos única.
Pero si usas a Puccini para
recordar una pelea, entonces,
sería ésta de llanto contínuo.
¿Es que la perdiste?

Hay quienes quieren fanfarrias,
cada vez que abandonan el baño...

Yo que relaciono cada momento de
mi vida con la música y simplemente, me desmorono cuando
escucho aquella melodía que me
hace recordar alegrías irrepetibles, o tristezas abismales, quisiera que para ese
día en el que todo se detiene,
sonara solamente The Sound of
Silence.

Pero todos llevamos una música
de fondo, que sólo escuchariamos
si bajáramos el volumen de nuestro
propio andar y veríamos caer esa
lluvia en forma de notas desde
del cielo, y cantar los campos su
melancólica melodía...

Me ha encantado, Manu.

Un beso en la sostenido mayor.
BB

jupi dijo...

Muy bueno, Manu. Ahora que lo dices, hace años me tocó despedir a una novia que se iba a París, en el andén catorce de la estación de Chamartín. No es literatura, juro que sucedió tal como lo cuento. Estaba muy jodido porque de alguna manera estaba seguro de que era la última vez que iba a verla (y efectivamente, así ha sucedido), pero al mismo tiempo me sentía afortunado por tener al universo entero confabulando (ella perdió el avión esa misma mañana por culpa de un atasco en la M-30) para regalarme esa maravillosa escena final, a la que, como tú dices, solo le faltó una melodía saliendo por los altavoces de la estación.

mi nombre es alma dijo...

El problema de las buenas bandas sonoras es que a veces son tan buenas que nos hacen olvidar la película. Quizás ocurriría lo mismo en la vida.

Un abrazo

humo dijo...

Post glorioso.

(¿Has visto "Risoto Amaro"?, revísala, si acaso. Y "Novecento". Son bandas sonoras que nacieron en la vida real y pasaron a pelis.
De todos modos, yo sí tuve banda sonora en mi infancia: el patio de mi casa era Marifé de Triana y Concha Piquer y Estrellita Castro y Manolo Caracol y "Angelitos Negros" a todas horas).

Luego vino el resto.

Elèna Casero dijo...

Dices bien, Manu. hay momentos en la vida que merecen una banda sonora. ´Pero también es cierto que cada uno llevamos una música dentro.
Yo le he adjudicado una música distinta en el móvil a cada uno de mi familia.
mi marido lleva In taberna no porque le de al trinqui, sino porque es bajo profundo en el coro.
Mi hija mayor una música de saxofón, es su instrumento.
Y mi hija pequeña un concierto de trompeta, que es lo suyo.

Y mi banda sonora para cuando me vaya de este mundo silencioso, es el 2º movimiento de la sinfonía en Do de Bizet, un solo de oboe que pone los pelos de punta.

Miguel Baquero dijo...

Me ha gustado la escena que describes en Italia, sin duda merecería una banda sonora. En realidad, todos mereceríamos que alguna vez el mundo se interrumpiera para nosotros y de pronto comenzáramos a cantar, y todo los que pasan por allí se sumaran,y se montara una coreografía formidable con un final apoteósico.

Decía Warhol que todo el mundo merece 15 minutos de fama. Yo creo que todo el mundo merece un gran número de musical.

Belén dijo...

Je... todas las mañana tienes tu banda sonora, no te me quejes...

:P

Besicos

eva-la-zarzamora dijo...

Sin la música no podría vivir, ni soñar. Forma parte intrínseca de mí. Supongo que acompaña mis momentos y a cada cual le doy un toque diferente según un estado de ánimo. Por poner ejemplos, el vinilo, lacanción del verano, las viejas y nuevas publicidades en la tele, la radio, el viejo comediscos...
La zarzuela y la ópera, eso llegaría más tarde.

Referiéndome a las pelis u volviendo al tema al que te refieres, me quedo con "New York" con el de Niro y la Minelli, R. Charles, Cabaret, Chaplin, Huston,
e incluso Tarantino... Sonrío;)

Besos, Manu.
Gracias por estar.

Alba dijo...

Sí, a algunos momentos de nuestra vida le falta música. Sobre todo esos que no vamos a olvidar nunca. Lo que yo no sé es lo que pondría pero todo sería ponerse a elegir.

Besos

Mr Blueberry dijo...

Disiento de su opinión...Porque música si no hace falta, la música tiene efecto sobre nosotros, te anima, te entristece, te recuerda a otros momentos...Tu mismo has identificado momentos que de una manera u otra han sido especialeso te han afectado de alguna manera...Pero si no es así, si es música de relleno, mejor que no esté, porque pierde su esencia y se vuelve innecesaria y fea...

Abrazotes