3/25/2013

RESQUICIOS

Reseñar a tu editor es raro, y hasta cierto punto antinatural, porque suele ser el editor el que hace comentarios a sus autores. En esta ocasión le daremos la vuelta y el autor será el que comente al editor metido a autor en un juego metaliterario que viene muy al caso. La segunda novela de Mariano Zurdo se resume en su título, uno de los títulos mejor puestos de cuantos he leído, porque los personajes y el mismo autor se cuelan por multitud de resquicios casi inapreciables. Una puerta blindada no puede abrirse a no ser que utilices dinamita, pero Mariano Zurdo usa una técnica mucho más sutil: un trozo de papel, una nota por debajo de la puerta. ¿Qué pone en esa nota para que la persona que está al otro lado decida abrir? La formación del autor como psicólogo se aprecia en toda la novela, porque aprovecha sus conocimientos para colarse en la mente de unos personajes a los que, sin embargo, trata con mucho cariño y respeto, sin manipularlos gratuitamente. En una época en la que los escritores reciben clases de psicología para dar una personalidad creíble a los personajes, Mariano trae de fábrica esa habilidad gracias a su formación como experto en cerebros. Curiosamente uno de los personajes es psicólogo. Y además salen botellines de cerveza por doquier. ¿Autoficción? Hasta cierto punto, porque Mariano no tiene hermanas. De este modo, los cuatro protagonistas de la novela abordan temas como los tabúes en el sexo (nada más tabú que el incesto) y los tabúes de la muerte. Sexo y muerte. Amor y muerte. Morir de amor literalmente y literariamente. No es un error en este caso usar adverbios acabados en "mente", en este libro se juega con las mentes. La vida misma: Amor, sexo, enfermedad, cartas, cervezas y muerte. Cuatro personajes, dos historias y varias grietas. Un lenguaje en el que destaca la maestría a la hora de narrar situaciones cotidianas. Hacer sencillo lo complejo con un narratividad que fluye como un diálogo, sin embargo, elaborado. Y un curioso y muy valiente juego metaliterario en el que Mariano arriesga mucho, porque es un juego en el que el autor saca la patita por debajo de esa puerta acorazada, un riesgo del que sale airoso pero que en cierto modo deja estupefacto al lector. Como una bofetada. Como si las páginas del libro fueran puertas acorazadas por las que aparecieran notas del autor dirigidas al lector. Y el lector tiene dos opciones. Abrir o dejar la puerta cerrada. Tú decides si le quieres dejar pasar a tomarse una Mahou cinco estrellas. Tan sólo imagina por un momento que estás en casa detrás de tu puerta blindada y ves cómo asoma una nota en la que pone: “¿Me abres? Soy el que ha escrito tu vida. Te invito a una cerveza”. Está en tu mano abrir o tapar la grieta con silicona.

8 comentarios:

Raúl dijo...

Atinadísima tu reseña.
Y sí, reseñar o incluso presentar a tu propio editor (como me pasó a mí)resulta raro de cojones.

Mariano Zurdo dijo...

Y para mi no es sencillo presentarme como autor teniendo autores tan buenos como los que afortunadamente tengo.
Me encanta, una vez más, esta nueva lectura de Resquicios.
Muchísimas gracias, Manu

Anita Dinamita dijo...

Qué ganas!!!
Y con tu reseña, más. Y cuidado, Manu, que lo próximo es que te conviertas en editor y ahí te va a sonar todo muy raro, ;-)
Un abrazo

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Buena reseña, Manu, sin duda.

Me hace gracia el ejercicio de autor reseñando a su editor, que a su vez escribe. Juego de roles. :-)

Un abrazo,

AGUS dijo...

Magnífica reseña, Manu.
Coincido en el adjetivo que utilizas: arriesgada. Y en la propuesta inquietante que desliza Mariano en ese pugna entre el mundo interior y la realidad en la que, casi siempre, tienen más entidad lo que ocurre dentro de la mente que lo que transcurre fuera.

Abrazos.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Magnífica reseña. Eres un máquina y se nota el buen rollo, que al fin y al cabo es lo que merece la pena.
Enhorabuena a los dos.
Besicos muchos.

Citopensis dijo...

Esta es una Re-enseña.

No sé si me explico.

Un saludo.

Ximens dijo...

Buena reseña, Manu. Yo he leído dos veces el libro, no por ser torpe, que lo soy, sino por disfrutar de esos resquicios por donde Mariano nos cuela el botellín narrativo. Efectivamente, llega un momento en el que te sientes como en aquellos cuentos de "Elige tu propia aventura".