5/05/2010

DE LECTORES ANÓNIMOS


Esta semana he descubierto que el futuro de la Literatura está en manos de lectores anónimos que cobran cien euros por cada libro que evalúan. He asistido a una charla sobre cómo funcionan las editoriales. La conferencia la impartían los dos responsables de una de las empresas más grandes de España, e incluso me atrevería a decir, una de las más grandes en lengua castellana. El proceso que tienen para seleccionar manuscritos es el siguiente: Llegan unos cien escritos al mes y los envían a unos lectores que hacen un informe sobre cada libro. Los puntúan según unos baremos, como la calidad literaria, la estructura, el argumento, las referencias o la proyección comercial, diferenciando entre "literatura de calidad" o "comercial", es decir, entre Garcías Márqueces y Danes Brownes. Si pasa una primera criba pasa a una segunda lectura. Pero no os emocionéis. Publican unos cincuenta libros al año, la mayoría de autores famosísimos. Así que me imagino a cientos de lectores anónimos leyendo y leyendo a escritores anónimos, en un infinito acto de comunión entre seres anónimos que jamás se conocerán entre ellos. Pero puede que, en un caso entre tres trillones, un solo escritor desconocido salte a la fama por un lector anónimo al cuál no conocerá nunca. Y ese ser anónimo que cobró cien euros por leerse un best seller que ganó millones de euros, o ese otro que descubrió a García Márquez, esté ahora mismo leyendo el próximo súperventas del siglo o al siguiente Premio Nobel. Y puede que ese autor que mañana saltará a la fama esté sentado en este momento en el metro frente a alguien lee su libro en un asiento, atentamente, tomando notas. Con noventa y nueve euros y un ticket de metro picado en el bolsillo.

17 comentarios:

Anonima Mente dijo...

Me parece muy bien la idea. Lo que yo no sé es si se lee con el mismo interés un libro por obligación que por devoción. Pero en sí, me parece fantástico...quizá me haga lectora anónima

moderato_Dos_josef dijo...

Lo más seguro es que ese lector anónimo que hizo famoso al escritor siga siendo un don nadie. Pero lo más probable de todo es que tu libro -mi libro- pase a ser uno más entre los desechados.
saludos.

Víctor dijo...

¿Nos condena esto al anonimato, pues? Espero que no.

Un saludo.

Pablo de la Rúa dijo...

Menos mal que aquí nos leemos conocidos y sin cobrar un duro.

Odiseo de Saturnalia dijo...

Estamos condenados a leernos entre nosotros... deberíamos dejar que ELLOS se leyeran entre ellos.

Nikté dijo...

Dónde hay que apuntarse a eso?
Me forraría, con todo lo que leo...

Blanca dijo...

No sé si por cien euros, y teniendo delante un libro de un escritor "ilustre" no se cuelan, sólo por el nombre, verdaderas bazofias.

Supongo que no he sido la primera en descubrir eso.

A mí me ha encantado El desguace, sobre todo los relatos largos. Una delicia.

Y sin cobrar..:-)

Belén dijo...

Pues la verdad es que a mi me daría palo, demasiada responsabilidad, ¿no?

Besicos

mi nombre es alma dijo...

Ser anónimo en un lector entra dentro de su propia definición, el lector lee, quizás opine, pero entonces pasa a ser crítico o cobre por ello y entonces pasa a ser asalariado. Y todo este rollo era para decir que ser conocido debería entrar dentro de la misma definición de escritor, pero ahí la ecuación falla y has pocas excepciones que confirman la posible regla.

Un abrazo a su excepción

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Ufff Manu, no lo veo del todo claro.

Besicos muchos.

Noesperesnada dijo...

El mercado funciona así y por lo visto no les va tan mal...

Raquel dijo...

Algo bastante común en el mundo académico y que realmente no me imaginaba que pasara en la literatura.

Walter dijo...

Entonces hay que hacerse amigo de un anónimo, o sobornarlo.
:D

Xuan dijo...

Creo que lo has descrito perfectamente.

woody dijo...

Pues un anónimo y otro anónimo al que le moles... ¿Pasará como en las clases cuando los profesores cogían manía a alumnos sólo por una primera impresión?

Raúl dijo...

Acojonante.

Alena. Collar dijo...

Lo terrible no es el lector anónimo; sino el escritor que lo seguirá siendo porque ese lector decida que "vaya peñazo, le pongo que es un tostón, acabo y me voy de copas que es sábado"...