Leyendo este post no puedo dejar de recordar el cantábrico en invierno.. Cuando las olas fustigan las rocas y el turista, más despistado que otra cosa, es víctima del temporal en el Paseo Nuevo Donostiarra... Siempre he pensado que el agua es libre, incontrolable, imparable cuando decide emprender viajes así sean destructivos.. Echo de menos el mar, y sus silencios hablados... Olas que dan vida..
Nada me ha hecho sentir más insignificante que mirar las aguas oscuras desde la borda de un barco en alta mar. Es un azul oscuro que aparenta que está vivo, el mar parece que respira con cada movimiento de la marea. No puedo imaginar lo que debe ser estar en un pequeño pesquero en el océano. Supongo que te acabas acostumbrando a todo y al final lo ves como algo normal. Los seres humanos somos así, adaptables.
Manuespada (Salamanca, 1974) es periodista, escritor y guionista de TV. Ha ganado varios premios de cuentos y microrrelatos, entre ellos el "Premio Relatos en Cadena de la SER", el "Certamen Internacional Lenteja de Oro de la Armuña", el "Premio Villa de Ermua", el "Premio Villa de Alcorisa", el "Premio Medicus Mundi de Asturias" o el "Premio de la Editorial Grupohubo", gracias al cuál ha publicado el libro de relatos "El desguace", que puedes comprar en las librerías Tres Rosas Amarillas (www.tresrosasamarillas.com) y en La Clandestina (www.librerialaclandestina.blogspot.com). También es coautor del libro "Un poquito de por favor" (ed. Temas de Hoy) y tiene cuentos en publicaciones colectivas como "La radio es un cuento" (ed. Minor Network), "Relatos en Cadena 2008-2009" (ed. Alfaguara), "Con buenas palabras" (ed. Jirones de azul), "Pluma, papel y vino" (ed. Gobierno de la Rioja), "El color humano" (ed. Fundación Derechos Civiles), y en la revista BCN Week.
3 comments:
Vaya.
Que hermoso intercambio de palabras para dar cuenta que de una u otra manera se puede ver en los ojos del otro.
Leyendo este post no puedo dejar de recordar el cantábrico en invierno.. Cuando las olas fustigan las rocas y el turista, más despistado que otra cosa, es víctima del temporal en el Paseo Nuevo Donostiarra...
Siempre he pensado que el agua es libre, incontrolable, imparable cuando decide emprender viajes así sean destructivos..
Echo de menos el mar, y sus silencios hablados...
Olas que dan vida..
Nada me ha hecho sentir más insignificante que mirar las aguas oscuras desde la borda de un barco en alta mar. Es un azul oscuro que aparenta que está vivo, el mar parece que respira con cada movimiento de la marea. No puedo imaginar lo que debe ser estar en un pequeño pesquero en el océano. Supongo que te acabas acostumbrando a todo y al final lo ves como algo normal. Los seres humanos somos así, adaptables.
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