2/24/2009

LLUVIA DE PRINCESAS


Aquella mirada alegre y saltona con la que saltaba en la charca todos los días se apagó tras la lluvia de princesas. La primera que cayó a su lado era rubia y oronda, con su corona y traje de satén dorado. Justo cuando se lanzó sobre una mosca, dos infantas más se zambulleron a bomba y le agarraron de la pegajosa lengua. Al instante, un chaparrón de siete u ocho le rodearon, y a partir de ese momento, un diluvio de princesas inundó el paraje. Millones de ellas le exigieron un beso. Pese a declarar al sapo especie protegida, acabó por extinguirse.

8 comentarios:

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Me gusta Manu como le das la vuelta a los tópicos. Bonito relato.
Siento estar un poco perdida ultimaemte, os echo de menos.
Besicos muchos.

Mr Blueberry dijo...

No me extraña que se extinguieran, porque conozco a pocas princesas que sean especialmente guapas, aunque seguro que todas tienen un gran corazón...y serán majísimas...jejejejeje

Abrazotes tío

Belén dijo...

JO, no me lo puedo creer... como s posible que no hubiera princesa que le gustara?

Hasta los cuentos han cambiado...

Mil millones de besos

Evan dijo...

Yo tengo un rano encantado, lástima que al no ser princesa no puedo quitarle el hechizo...

Me fascino tu cuento Manu!

Un beso~!

ALMA dijo...

A riesgo de que se me acuse de machista, yo hubiera convertido a todas las princesas en sapos hembras y hubiera formado un haren. Y es que la rana cuando besa es que besa de verdad.

Saludos

Raúl dijo...

¿Habrá algo más difícil que ser un príncipe en un cuerpo de sapo?

El Viajero Solitario dijo...

Te cuento una anécdota: en un hotel donde trabajaba, se alojó en su día el Barcelona. La casualidad quiso que al mismo tiempo se celebrara en el hotel un certámen de misses, que ensayaban en el garaje. Por aquello época yo era algo más joven y estaba, a qué negarlo, en buena forma. La casualidad (otra vez) hizo coincidir el uniforme del Barça (de traje) con el mío. Cuando acabé el turno y me disponía a salir (la salida del personal estaba por el garaje), tuve que cruzar por enmedio de donde ensayaban las misses. Éstas, en su ingenuidad, me confundieron con un jugador del Barça y se me abalanzaron encima, sobándome. Pues bien, lo que en principio pudiera parecer el sueño cumplido de casi cualquier hombre (heterosexual, preciso), acabó por causarme pavor.
Eso me ha recordado tu ingenioso relato.

Alba dijo...

Como cambian los cuentos. Pobre sapo, me dio pena.