11/18/2008

DE VIOLENCIA


Escucho en la radio a raíz del asesinato del chico en "El balcón de Rosales" a manos de unos porteros que la mayor parte de este gremio son buena gente, pero que hay algunos a los que se les va a la mano. No conozco a todos los porteros del mundo, pero lo que sí es cierto es que en mis correrías nocturnas me he topado con algunos individuos de este gremio, y la mayoría son tíos rebotados, algunos inadaptados sociales y otros gorilas con cadenas gordas en sus cuellos de toro que presumen de puños americanos y espaldas de gimnasio. Nunca he escuchado a ninguno de ellos mientras esperamos en la cola para entrar a un garito hablar de Rousseau, ni siquiera sobre "El club de la lucha", es algo que queda reservado para los dos machachas de la tira cómica de La Sexta, dos tipos geniales, por cierto. El mero hecho de tener antecedentes penales debería ser el límite para ejercer esta profesión controlada por las mafias locales de la "seguridad privada". El hecho de que cuatro masdotondes le revienten el corazón a un chico de 18 años dice qué tipo de perfil suele tener esta gente: mirada perdonavidas, brazos despegados del cuerpo, cogote rapado y cerebro de avestruz, es decir, el ojo más grande que la sesera. La defensa dice ahora que uno de los gorilas se cayó por accidente encima del chaval, y claro, como el matón pesa 100 kilos, pues se lo cargó. Apago la radio, pongo la tele, y veo a Txeroki, un etarra con nombre de indio euskerizado, envuelto en una manta muy poco sioux, más bien de mercadillo. Otro portero, de fronteras, pienso, otro gorila. Me voy al cine, y acorde con la iconografía violenta del día, me voy a ver Gomorra. La película, de ficción pero con estética semidocumental, muestra lo que es la mafia de verdad. Nada que ver con el glamour de "El Padrino". Pobres metidos a asesinos en un Nápoles que parece un suburbio de cualquier país tercermundista, personas con el sueño americano metido en la cabeza pero en la Italia más deprimida y deprimente, gente que tira de gatillo para hacerse un hueco, como el neorrealismo de "El ladrón de bibicletas" pero sin dar pena, sino miedo. Miles de residuos tóxicos camuflados junto a la ciudad para que las fábricas se ahorren unos miles de millones. Mafiosos gordos enfundados en chándal en lugar de Armanis, camisetas de tirantes de equipos de la NBA en lugar de camisas caras, anillos y sellos de oro enormes en los dedos gordos como porras, y casas desvencijadas con tele de plasma y Mercedes a la puerta. No creo que haya un espejo más evidente de la violencia que una chabola con tele de plasma. La misma cara de la violencia.

6 comentarios:

Álvaro Dorian Grey dijo...

Y justo hoy, que casualidad, cierran la discoteca.¿por qué tanto interes en no regular este oficio?
Saludos y salud

Raúl dijo...

Excepcional entrada.
Un retrato sencillo, una postal más bien, de algo tan generalmente gratuito, como es la violencia.

Belén dijo...

La verdad es que cuando la violencia es gratuita duele mucho mas...

Y lo peor es que no está en el cine..

Besicos

Cecilia Alameda Sol dijo...

No sé si sirve de consuelo que estén en la cárcel los porteros y el de nombre indio, porque es un desconsuelo saber que existen esas personas salvajes y sanguinarias en este planeta.
¿Vencerán los no violentos sin utilizar la violencia?

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Hoy Manu has puesto el dedo en la llaga y los puntitos sobre las ies, así que solo aplaudo. ¡Tienes toda la razón y a mí me da mucha pena que llevemos este camino!, porque no sé que le va a esperar a mis hijos o a tí por ejemplo, o a los hijos que tengais.
Ojalá todos esos fueran a la cárcel pero para estar allí a cumplir una condena y no salir a los cuatro días y seguir haciendo lo que les da la gana incluso con más mala leche, cuando salen.
Besicos, chico reflexivo.

Alberto López Cordero dijo...

No sólo ocurre con el gremio de los porteros de discoteca. Mucho ojito a algunos guardias de seguridad, "Seguratas", con contrato en vigor por sus respectivas empresdas, que trabajan en metros y ciertos sitios oficiales. Habría que estudiar mucho más el perfil psicológico de estos tipos, antes que sus medidas 4x4. Una pena lo de ese chico, con tan sólo 18 años no merecía ser asesinado de esa manera. A ver si la justicia actúa como debe.