5/21/2007

LLUVIA


El bueno de Mario Picazo diría que la lluvia es una precipitación de agua en forma de gotas. Cuando éstas alcanzan un diámetro superior a los 0,5 m m. caen a la tierra por la gravedad a una velocidad superior a los 3 m /seg. En estos momentos se produce la lluvia. Pero la lluvia es mucho más. Ayer, sin ir más lejos se convirtió en una gigantesca muralla de H2O que impedía la visión porque golpeaba sobre la carretera con más fuerza que un martillo neumático. Dicen que la lluvia en Sevilla es una maravilla, que la lluvia ácida provoca ardor de estómago, o que todos hemos querido hacer como Gene Kelly en “Bailando bajo la lluvia”. Creo que la lluvia (igual que a Leti y a Felipe) me ha acompañado toda mi vida, lo cuál, habiéndome criado en tierras guipuzcoanas, no es nada extraño. Recuerdo mi infancia todo el santo día con el cansino paraguas. Creo que por eso ahora nunca lo llevo a ningún lado y se lo tengo que comprar a los chinos a la salida del Metro. Quizá por eso el sol en Donosti es una maravilla. Lo de chapotear en los charcos con las katiuskas acabó siendo una rutina, por lo cotidiano del agua, igual que para un esquimal es aburrido jugar a hacer guerra de bolas de nieve, a un saharaui le hastía excavar hoyos en la arena o al tío Gilito le produce sueño contar monedas. Durante aquel viaje a París llovió en tromba y nos tuvimos que comprar chubasqueros con la torre Eiffel a la espalda, pero me quedo con la lluvia de aquel caluroso verano en Italia, cuando recogíamos papel y ropa en el campo de trabajo. Las ranas llevaban cantimplora, pero de repente ocurrió. Cuando más lo necesitábamos, comenzó a llover a mares. Dejamos los papeles en el suelo, y sin decir ni una sola palabra, todos nos tumbamos sobre un charco hasta que el agua nos acabó arrugando la piel. Y allí, tumbados, cantamos una extraña canción italiana que nunca supe lo que decía. Creo que es el único día que me ha gustado la lluvia en toda mi vida. Ahora, tan sólo me gusta el olor que deja sobre la tierra. Cuando sale el sol. Es una maravilla.

9 comentarios:

fabiana dijo...

Me encanta la lluvia, la amo suave y precisa.
La amo en momentos oportunos merodedeando a mi alrededor.
La amo en mis noches de insomnio, en mis días en los parques.
Amo tambíén al sol, claro.
Te dejo besos desde Bs. As. en un día sin sol y sin lluvia.

Evan dijo...

Me fascina el olor a tierra mojada... como si estuviera en el campo, con la placidez del agua cayendo sobre la tierra...

La lluvia nos enternece en ciertos momentos, cuando querríamos estar abrazados a ese ser especial, simplemente oyendo llover.

Un beso, que tengas una linda semana.

Luna Agua dijo...

Me has transportado a esa lluvia que huele cuando se va, en la tierra queda su paso además de la humedad. >Esa lluvia que refresca.



saludos

woody dijo...

Pues a mí lo que más me gusta es el sol después de la lluvia. ese solecito que anima después de un día gris. Qué maravilla. Lástima que en Castilla, tierra de extremos y esquizofrenia, pasemos del invierno al verano con apenas una parada en la primavera.

MentesSueltas dijo...

La lluvia eleva mi espiritu.

El bueno de Mario Picazo diría que la lluvia es una precipitación de agua en forma de gotas.

libertad dijo...

Sí, cuando sale el sol después de llover, es una maravilla.
Un besote!

ALBERTO LÓPEZ dijo...

A los que trabajamos en la calle no nos hace demasiada gracia, pero por las tardes y ya en casita me encanta ver la lluvia a traves de los cristales...¡¡Madre mía, me hago mayor¡¡, hace unos años estaba desenado que dejase de llover para poder pendolear por ahí,je,je,je...Saludos

Agua & Fuego dijo...

Me ha gustado mucho este post.
Ese olor que mana de la tierra, cuando deja de llover y el sol calienta, es sencillamente único, y como tal especial.
Un Abrazo desde las llamas, atentamente LicánTropo.

caewlin dijo...

Después de vivir un año en Asturias, con una racha de 60 días de lluvia ininterrumpida, nos trasladamos a Canarias. Al poco tiempo de llegar cayó una lluvia torrencial. Salí a la calle con mi chubasquero azul, tipo "canguro", de esos que tenían una bolsa a la altura de la barriga y que se podían convertir luego en una especie de riñonera, y veo a un vecino sin paraguas bajo la lluvia, con los brazos abiertos.
- ¿Qué haces? - le pregunté extrañado

- Qué voy a hacer, disfrutar de la lluvia. Aquí no llueve casi nunca.

Lo dejé allí y me fui pensando que estaba loco. Disfrutar de la lluvia...

Al cabo de dos años cayó otra tromba, y allí me encontraba yo, sin chubasquero ni paraguas, en medio del parque, mirando al cielo con los brazos abiertos y disfrutando de la lluvia. Lo que es normal para unos es especial para otros.