5/07/2006

LOS PRINCIPIOS


El hombre de las gafas de pasta tiene perilla y pelo largo desde hace veinte años. Sobre la camiseta negra sin mangas luce un símbolo pacifista pintado en blanco que cae sobre su gran panza, a la que se ciñen unos pantalones usados de color caqui. Mientras resopla, mete la mano bajo la camiseta para rascarse el escozor que le producen las magulladuras causadas por los porrazos de la policía durante la manifestación antiglobalización de hoy. Hace años que no corre y a sus pulmones le faltan aire. Agotado por los golpes y la carrera, se sienta en un banco y tras dar un lametazo al papel de fumar enciende un porro que ya tiene hecho del día anterior. Le da una bocanada larga y profunda hasta que sus pulmones están llenos para después mirar al cielo y expulsar el humo con formas circulares. – Esta hierba no está mal, pero se nota que los cogollos no están aún del todo secos.- Piensa. Después de unas pocas caladas intensas la ceniza le llega a los dedos pulgar e índice, con los que sujeta lo que queda de porro. Cuando iba a quedarse dormido pasa a su lado una mujer rubia y guapa, vestida con una blusa azul que lleva bordada la pequeña figura de un jugador de polo, falda de tablas a media rodilla, cinturón finísimo con hebillas plateadas, botas altas con tacón de cuero negro muy elegante, y un bolso en el que se puede leer Gucci. El hombre de las gafas de pasta despierta de su letargo y silba con el típico tono de quien ve a una bella criatura meneando el trasero de la más sensual de las formas posibles. La mujer se gira altiva y él disimula.

- No sé por qué te molestas en disimular. ¿Por qué silbas y luego disimulas si eres la única persona que hay en esta avenida y sabes de sobra que yo sé que has sido tú el que me ha lanzado un silbido? Si silbas quieres que te escuche, por lo que no entiendo tu actitud de seguir girando la cara hacia otro lado como si no me escuchases, y dado el tono de mi voz y mi distancia de tus oídos, a no ser que seas sordo, deberías percibir mis palabras, aunque también es posible que puedas haber actuado dejándote llevar por un primer impulso irracional debido a los efectos del cannabis que sujetan tus falanges-. Le echó en cara la mujer. Entonces, el hombre de las gafas de pasta despabiló e intentó explicarse con la voz entrecortada debido a la vergüenza.

– En efecto, de nada me serviría negar el hecho de que, en efecto, he sido yo quien ha emitido el silbido tópico para piropear a una mujer, ya que, como usted bien dice, soy la única persona que se encuentra en esta avenida.

- Si tienes la suficiente confianza como para silbarme con esa familiaridad creo que está de más el que te dirijas a mí de usted. Y por cierto, si has reconocido que me has lanzado un silbido de piropo, significa que yo te atraigo, e incluso, estarías dispuesto a mantener relaciones íntimas conmigo. ¿Me equivoco?

- Dicho suena un tanto brusco, la verdad...

En quince minutos el hombre de las gafas de pasta ocupa el asiento derecho del BMW Coupé que pertenece a la mujer con el jugador de polo bordado en la blusa azul. Diez minutos más a ciento ochenta kilómetros por hora y ya se encuentran los dos desnudos junto a la chimenea encendida del chalet adosado.

- ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué tienes estas marcas en la piel?

- He tenido un día duro.

La mujer que llevaba la blusa azul roza sus grandes senos contra la piel del hombre mientras le quita las gafas de pasta. Las arroja lejos, y el hombre ya sólo distingue dos enormes bultos que bajan hasta el centro de gravedad de su cuerpo. El tacto turgente de los pechos siliconados incide de arriba debajo de una manera constante hasta que se escucha un gemido ahogado. Cuando el hombre despierta ella no está. No puede gritar su nombre por la casa porque aún no sabe cómo se llama, así que se limita a dar una vuelta por el chalet palpando las paredes, porque aún no ha encontrado sus gafas. - ¿Hola? ¿Hola? ¿Hay alguien?- Al final toca algo parecido a unas patillas. En efecto, son unas gafas. Se las coloca. Encajan a la perfección en su rostro e incluso diría que se trata de las mismas lentes, pero pesan menos. Se escucha un portazo. - ¡Hola cariño, ya estoy en casa!-. El hombre baja rápidamente las escaleras desde la cuarta planta hasta el bajo, donde se encuentra la mujer de la blusa azul, vestida en esta ocasión con un traje pantalón negro de raya diplomática y un pañuelo de seda blanco al cuello. – Hola cariño-. Repite al darle un beso en los labios. – ¡Qué bien huele a maquillaje y a perfume, hummmm! - Deja las llaves en un cenicero de cristal de estilo rococó y coloca en el suelo un buen montón de bolsas de papel couché. –Cariño, perdona que me meta en lo que no debo, pero me he tomado la licencia de comprarte unas camisas. ¡Ah! Veo que ya te has puesto las gafas con montura al aire que te he traído esta mañana. Te quedan ideales.- Sorprendido, se mira en un espejo, observa la amplitud del salón ahora con la luz del día, y comienza a ponerse una camisa azul con un jugador de polo bordado en el lado izquierdo.- Cariño, me voy a la peluquería, ahora vengo-. Dice el hombre de las gafas con montura al aire atusándose sus largas greñas. - Muy bien mi vida, no tardes. Muac.

4 comentarios:

Pedro Daví dijo...

Que buen gusto tiene el tio.

Buen gusto, buen gusto, este lo que tiene es dinero. Buen gusto tenemos todos, con su dinero.

Los Lunes al Sol
Javier Bardem

manuespada dijo...

Sigues con reflejos, David...

blanche dijo...

hello chicos

que tal ? que me teneis abandonada !!!!!! jo tengo mucho follon pero tengo muchas ganas de tener una larga parrafada con vosotros tengo tanto que contaros ........ besos que me bajo a por unas cerves y esto de los principios me ha dado sed porque es cierto o no que se tienen mas principios cuanto mas se bebe ? porque el resto del tiempo nos tocan los ...... y los cambiamos segun sople el viento no ? besos

Unmasked (sin caretas) dijo...

Paso a saludarte. Espero que estes bien. Para cuando la proxima pelicula? Me encanta cuando posteas peliculas, sobre todo europeas, que no llegan tan rapido como yo querria.

Un beso manu

Petra