7/28/2020

LA CIUDAD DE LAS LENGUAS MUERTAS

El escritor dejó su libro en el suelo y observó unos edificios en ruinas. Estaba perdido. Era como un escenario de guerra, con casas agujereadas y desteñidas por el paso del tiempo. No sabía cómo había llegado hasta allí en un viaje a ciegas, casi intuitivo. Se había olvidado de las palabras que debía usar, de las frases que tenía que articular, e incluso de la forma de expresarse. Así que decidió comenzar a caminar sin rumbo. Vio un letrero en el que apenas se leían unas letras en un idioma desconocido y cogió el sendero sin dudarlo. Al llegar, comprobó que allí, alguna vez, alguien había clasificado las palabras que se han perdido. Estaba seguro de que en aquellas calles encontraría un explicación a su extraño viaje. Alzó la vista y vio que los edificios eran una especie de almacenes con letreros carcomidos. En el primero se leía: “Declaraciones de amor en latín escritas en los muros de los baños de Roma”. Más allá había otro que reunía “Metáforas talladas en pupitres griegos”, y todavía más lejos, uno que aseguraba agrupar "Poesías en las baldosas de termas fenicias”. Así había 349 grupos distintos de palabras olvidadas. El escritor se acercó hasta un almacén con “Ideas en arameo perdidas en viejas ánforas”. Siguió caminando durante horas intentando inspirarse en alguna montaña de palabras que le pudiera ser útil para salir de su bloqueo. Todas aquellas lenguas ya no se estudiaban en ningún lado, se habían perdido aquel verano. Después de dar la vuelta a cinco manzanas de almacenes abandonados lo encontró: “Títulos para relatos hallados en papiros egipcios”, decía el letrero. Por fin había descifrado el jeroglífico de su viaje. Cruzó la puerta y rebuscó en el suelo. "La ciudad de las lenguas muertas", ponía bien claro. Por fin, lo había encontrado. Pero al salir de aquel lugar comprobó apesadumbrado que alguien clavaba un letrero en un edificio nuevo: "Tildes fallecidas de poesías en castellano".

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