2/28/2012

LA CASA DE LOS RELOJES

Aquí os dejo el microrrelato del que surgió la idea del cuento cuyo enlace colgué ayer en el post anterior. Este microrrelato es básicamente un texto de imágenes, y el cuento largo de ayer es un relato de trama sustentado en las imágenes de este pequeño embrión.


La lucha contra el tiempo consumió su vida. Nadie conocía mejor que Urguizu a ese enemigo silencioso que mina la existencia sin notarlo, como la termita transforma en polvo una secuoya. Su casa era un gran estudio, un laboratorio. El empeño en dominar el tiempo le condujo a llenar su hogar de relojes. Relojes de arena, de sol, de agua, de cuerda, de pared, pasando por el de cuco, o aquel último invento del reloj pulsera.
Casi todos sus relojes eran enormes, aunque había dejado la vista en ellos con el paso de los años. Urguizu ya no se acordaba de su edad. Perdió toda noción temporal hacía demasiado. Pero todos los relojes sufrían de carcoma, y su pelo se había convertido en nieve.
Cada grano de arena, cada campanada, cada gota de agua de la clepsidra había tallado un nuevo surco en su ondulada frente. El tiempo era fiel a Cronos y Urguizu no asumía su derrota. Incluso el último beso de mujer se había podrido en su rostro y había caído, marchito, a la arena del camino. Arena con la que inventó otro reloj.
El sonido de los segundos había machacado su cabeza toda su vida. De repente, en un arrebato de rabia, Urguizu comenzó a parar los relojes, a detener lo imparable.
Ya sólo quedaba su viejo reloj de sol. Urguizu se asomó a la ventana. El rayo de luz que marcaba la hora iluminó su pecho. El reloj se quedó a oscuras mientras las campanadas de la iglesia se quejaban en un gemido histérico.Urguizu se quitó la camisa y su torso se tornó rojo. Se frotó el pelo y el pecho bajo el baño de luz, y sus brazos cayeron desolados mientras encogía el cuerpo entre las rodillas. Urguizu estaba inmóvil en el suelo y su sombra formaba un garabato indescifrable en la herrumbre dorada del crepúsculo. El tiempo lo había matado. Dedicó su vida a luchar contra él y murió de viejo. Cronos vengó esa afrenta convirtiendo en polvo aquella soberbia humana que desafió al destino.

12 comentarios:

Mei Morán dijo...

Pienso en aquellos que no saben cuando nacieron (en los pueblos siempre hay alguno). Creen poder hacerle la pirueta al tiempo pero él siempre les encuentra.

Mei Morán dijo...

El tiempo no perdona...

AGUS dijo...

Inquietante paradoja que se convierte en metáfora de nuestro tiempo. Todos vivimos en esa habitación llena de relojes, horarios y citas por atender, mientras nuestro tiempo se nos escapa.

Abrazos.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Gracias por haber colgado este micro, Manu. Retomo mis palabras de ayer, al respecto de conocer tu proceso creativo.

Un abrazo,

Lola Sanabria dijo...

Me ha encantado, chico. Tiene imágenes muy poderosas y de gran belleza. No es extraño que éste te condujera al otro.

Abrazos cortos y largos.

Víctor dijo...

No sé con cuál quedarme, si con el micro o con el relato. Da lo mismo: ambos me convencen.

Un saludo, Manu.

Juan Ojeda dijo...

Claro; entre tantos relojes se fue pasando el tiempo y pasó de ser un micro a un cuento ;-)

Me gustan las dos versiones; de todas maneras me inclino más por el cuento, puedo entrar más fácil en él.

Un fuerte abrazo, cuando la metáfora se hace de piel y hueso es maravilloso.

Arte Pun dijo...

Hola Manu. Yo me quedo con el micro, siento cómo transmite mejor la lucha contra el tiempo (sublime lucha), en el cuento aparece mucho más diluída.

Gracias por mostrarnos los dos textos. Un abrazo.

Melvin Rodríguez Rodríguez dijo...

Buen micro que dio origen a un gran cuento. El cuento me gustó más, por tener más espacio para desarrollarse y mantener a uno en el filo del asiento por largo rato. Se siente la clara esencia de la historia aquí y la lucha incansable porque Cronos no nos devore. Pero somos hijos del tiempo, él nos devora y a veces en el futuro reclama su paternidad.

Saludos!

Elysa dijo...

Acabo de leer el cuento, vengo a leer el micro y entiendo, era necesario ese cuento. Quizás al leer uno tan seguido del otro es lo que me parece. Me gusta el micro, por lo que tiene de inquietante, ese tiempo que se nos escapa, contra el que no se puede luchar.
Para mi placer agradezco al micro el nacimiento del cuento.

Besitos

Rosa dijo...

El tiempo no perdona...
Coincidimos en el tema.

Besos desde el aire

Mariano dijo...

El tiempo, ese ser inexorable que no perdona a nadie y del cual somos esclavos y que además por medio de los relojes nos hace vivir pendiente de el mismo.