12/12/2011

FINAL DE TRAYECTO


El escritor dejó su mochila y miró alrededor. Lo había perdido. No era una pérdida sin importancia, sino más bien una falta de sentido del viaje. Se había olvidado de las palabras que debía usar, de los lugares importantes que había que visitar, e incluso de la forma de llegar a ellos. Así que decidió ir a buscarlos. Cogió el sendero más corto hacia el único lugar que conocía: "La Ciudad de las Ruinas". Un lugar al que llegan las palabras que se han perdido. Estaba seguro de que allí encontraría instrumentos útiles para su viaje. Alguien se había molestado en clasificarlas. En la primera montaña se leía: “Metáforas olvidadas en los muros de los frontones”. Más allá había otra que reunía “Sustantivos tallados en los pupitres”, y todavía más lejos otra que aseguraba agrupar “Verbos en las baldosas del baño”. Así había 237 grupos distintos de palabras olvidadas. El viajero sacó la brújula para que le guiase a la montaña de las “Ideas perdidas en viejas libretas”. Fue fácil encontrarla, pero tampoco hubo nada que le ayudara en ese bloqueo transitorio que padecía sin remedio. El escritor siguió caminando durante horas intentando inspirarse en alguna montaña de palabras que le pudiera ser útil, o al menos, que le permitiera reconocer su viaje. Después de mucho andar se dio cuenta de por qué estaba allí, y comenzó a buscarla. “Títulos hallados en servilletas de cafetería”, decía el rótulo. Por fin había llegado al final de su viaje. Por fin lo había encontrado.

17 comentarios:

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Siempre creí que eran los títulos los que encontraban a los autores; esta historia me lleva a replantearme mi teoría.

Un abrazo.

Maite dijo...

Siempre he oído que en la basura se encuentran verdaderos tesoros, esta es la confirmación de lo que dices.
No estaría mal montar una planta de reciclaje de estas cosas, a mí me vendría de lujo para los momentos de vacío, que son muyyyyyy frecuentes.
Un micro imaginativo y muy característico de tu forma de "contar". Abrazos.

Manuel Rebollar Barro dijo...

Y seguro que un par de montones más adelante encontraría los microrrelatos escritos en pósit, que, aunque poca gente lo sepa, fueron creados expresamente para eso (¿o acaso las notas que nos dejamos no son retazos de historias por contar?).
En su línea, señor Espada, en su línea.

Nicolás Jarque dijo...

Manu, las palabras son tan caprichosas y malditas en ocasiones, que se escabullen y como elefantes cuando llega su hora, se refugian todas juntas para morir. Pero hay están los escritores para rescatarlas y utilizarlas nuevamente. Es original esa idea.
Me gustó.
Un abrazo.

AGUS dijo...

Me parece un texto fascinante. Trazas el recorrido vital, en este caso el olvido, de la idea, de la inspiración literaria. Me parece muy interesante ese otro mundo que nos describes, a priori un mundo de irrealidades en el que habitan ideas que se fugaron, desechos y cajones llenos de historias. Otra realidad que sería muy interesante conocer. Y que seguro guarda más de un tesoro.

Abrazos.

Arte Pun dijo...

Me ha recordado aquél de "Las paredes del W.C. o Desguace".
Una recreación muy acertada del laboreo de la escritura, sobre todo ese inicio perdido, olvidado hasta de las palabras, y ese picar donde no hay veta.

Gracias, abrazos.

Susana Camps dijo...

Me gusta mucho este paisaje onírico de inspiraciones perdidas y reencontradas. Puedo ver al protagonista con su brújula, atisbando montañas de sugerencias. Todo vale para reencontrar la inspiración. Todo menos no buscarla, claro.
Abrazos sonrientes.

Belén dijo...

Hay que fijarse bien en todo y apuntarlas, aunque sean en servilletas :)

Besicos

Rosa dijo...

Tendrás que decir donde se encuentra este lugar. He perdido una historia y no la puedo encontrar.
Besos desde el aire

Anita Dinamita dijo...

Qué bueno, Manu... yo rebusco en mi mente porque normalmente las que pierdo son las que no he apuntado en ningún lugar, cosa imperdonable... pero a veces la inspiración llega cuando estoy cerrando el ojillo para dormir por la noche y no hay manera!
Un abrazo

Lola Sanabria dijo...

En las servilletas de papel se han escrito grandes pequeñas obras, también en el papel higiénico, todo hay que decirlo.
Buen micro a la búsqueda de palabras olvidadas e inspiradoras.

Besos engarzados como zarcillos.

Ximens dijo...

Un paseo por los olvidos. Conocí a una chica que se llamaba Olvido que no me acuerdo de ella. Hay tantos sitios donde volver a encontrar la chispa. Es tan sencillo lo que nos describes que lo puedo resumir en ese acto que hacía mi abuelo de chupar la punta del lápiz y seguir escribiendo. La foto es buena.

Elena Casero dijo...

Pues tendré que llegar a ese lugar porque hay días que me sucede lo mismo que a tu protagonista.
Es un relato imaginativo en el que cada cual crea su propio escenario.

Un abrazo

Elysa dijo...

¡Como me gusta este micro! Y has pensado en esa posibilidad de los que escriben y están dormidos, fijate que complicado se vuelve intentar encontrar lo que han escrito, me pasa muy a menudo.

Besitos

Miguel Baquero dijo...

Lo malo es ese sitio de ideas geniales que se te pasan por la cabeza mientras vas andando y que de pronto como vienen se han ido y no te ha dado tiempo a apuntarlas

LA CASA ENCENDIDA dijo...

La verdad es que a lo largo de la vida y con las prisas que llevamos, vamos dejando todo anotado o olvidamos anotarlo y luego pasa lo que pasa, ¡las ideas se nos pierden y cuesta encontrarlas!
Precioso relato.
Besicos muchos.

Manuel Rebollar Barro dijo...

Miguel, el gran Azcona decía que las ideas que se iban lo hacían porque no habían llegado para quedarse y que él no apuntaba nada. No le fue mal. Eso sí, cada uno tiene sus métodos (tenía un amigo que, cuando le pasaba eso, se llamaba a sí mismi al contestador para dejar grabada la idea).

Saludotes (que es más que un saludo y menos que un saludotote)